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Flecha de Título Presidentes Argentinos: Antecedentes y naturaleza del cargo
 

 

 

La experiencia histórica propia de la Argentina condujo a adoptar un Poder Ejecutivo en el cual se le confiere al presidente, el título de jefe supremo de la Nación. Precisamente la experiencia histórica a que se alude podría sintetizarse recordando que al iniciar el país su emancipación, en mayo de 1810, lo hizo con un Poder Ejecutivo numeroso: nueve vecinos de Buenos Aires integraban la primera Junta de Gobierno.

Más tarde, incorporados los diputados, que representaban a los pueblos del interior, la Junta llevó a veintiséis el número de sus miembros. Una derrota en la frontera Norte, atribuida a falta de celeridad y de estricta reserva en las resoluciones gubernativas, trajo el deseo de simplificar el Poder Ejecutivo y de ahí la creación en 1811, del Triunvirato. Sin embargo, ante nuevas adversidades en la guerra y la situación política europea contraria a la revolución, el número de tres personas todavía pareció excesivo y se creyó conveniente concentrar la autoridad ejecutiva para asegurar un mejor aprovechamiento en la general movilización de energías que imponía la lucha.
De ahí la adopción, en 1814, del Poder Ejecutivo ejercido por una sola persona con el título de director supremo de las Provincias Unidas. Además, se amplió el período legal: los triunviratos habían durado seis meses en el cargo, mientras que el período de director supremo, en un comienzo fijado en dos años, fue luego de tres.

 


Mientras tanto, y paralelamente a las batallas contra la dominación española, las extensas gobernaciones-intendencias del virreinato colonial se subdividían en provincias que reclamaban autoridades autónomas.
En 1820 las discordias internas -las provincias que se enfrentaban entre sí- eliminaron la autoridad ejecutiva, y el cargo de director supremo dejó de existir. La provincia de Buenos Aires, la más importante por su población y riqueza, y la de más directa comunicación geográfica con el mundo, fue encargada, por las otras provincias, del manejo de las relaciones exteriores.
La guerra con el Brasil (1826) replanteó la necesidad de un Poder Ejecutivo nacional y un congreso con representantes de todas las provincias votó la creación de la presidencia de la Nación y eligió para ejercerla a Bernardino Rivadavia. Pero el país no supo permanecer unido para cosechar los frutos de las victorias terrestres y navales; las querellas se reanudaron , Rivadavia renunció a la presidencia y con él desapareció nuevamente la autoridad ejecutiva nacional (1827).
A partir de entonces, y sin constitución que lo determinase, el país practicó un federalismo de hecho: los mandatarios provinciales volvieron a delegar en el gobierno de Buenos Aires la responsabilidad de las cuestiones exteriores.
Desde 1835 y hasta 1852, Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires, ejerció el cargo , según es sabido, con la suma del poder público y facultades extraordinarias.
Caído Rosas y dictada la Constitución (1853), ésta determinó la existencia de un presidente de la Nación. Después de balancear razones y objeciones se decidió para imponer la autoridad en un país despoblado y enorme ( un millón de habitantes en más de tres millones de kilómetros cuadrados tenía la Argentina de entonces ), la adopción de un sistema de presidentes fuertes.

Fuente: Historia de los Presidentes Argentinos - Gustavo Gabriel Levene

 

 

 

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Fotos de la Ciudad de Buenos Aires - FotosBaires

 

 

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